En enero de 2026 habrá una subida de precios en los honorarios. La terapia individual pasará a costar 60€ y la de parejas 75€.

¿Comenzar o no comenzar un proceso terapéutico?

¿DUDAS SOBRE IR A TERAPIA?

¿Comenzar o no comenzar un proceso terapéutico? Esa es a veces la cuestión. Las dudas para ir a terapia o las dificultades para pedir ayuda a menudo están relacionadas con creencias limitantes (por ejemplo, creer que ir a terapia nos hace débiles o que para ir es necesario tener un ‘problema mental’), experiencias pasadas negativas, miedos, inseguridades o una actitud de autosabotaje. 

No es fácil librarnos de las dudas cuando nos planteamos pedir ayuda. Incluso, en algunas ocasiones hasta la invalidación y negación de nuestros propios problemas nos impiden dar el paso y solicitar apoyo terapéutico. Lo que afecta a nuestra salud mental no siempre está relacionado con un trastorno mental. No es necesario sufrir un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), cumplir con todos los criterios diagnósticos de la ansiedad o la depresión, o haber sido diagnosticado de un trastorno de personalidad para recibir ayuda psicológica. 

La terapia no busca que dejemos la mente en blanco sino que nos motiva a reflexionar y a emprender nuestras acciones de forma más lenta, con el objetivo de procesar todo aquello que nos inquieta. 

Lo que nos provoca un malestar emocional puede estar relacionado con: 

  • Dificultades para confiar en uno/a mismo/a o en los demás. 
  • Dificultades para expresar necesidades.
  • Dificultades para poner límites a personas del entorno.
  • Dificultades o desafíos académicos.
  • Dependencia emocional (pareja, familia)
  • Ser víctima de un delito (robo, estafa, suplantación de identidad).
  • Dificultades para afrontar los problemas de salud mental de familiares y/o personas queridas.
  • Inseguridad económica. 

Asimismo, lo que afecta a nuestra salud mental puede estar relacionado con un hecho que no es reciente, pero que ha afectado a nuestra personalidad, autoestima o forma de relacionarnos con los demás:

  • Crianza tóxica (padres narcisistas, hermanos abusadores, inversión de roles niño-adulto, aglutinamiento).
  • Crecer con padres drogodependientes.
  • Crecer sin uno o dos progenitores.
  • Sufrir abusos sexuales en la infancia. 
  • Problemas de salud crónicos. 
  • Abandono físico o emocional en la infancia.
  • Experimentar el remordimiento o la culpa del superviviente ante un hecho traumático o catástrofe. 

En el proceso terapéutico, es habitual que también se den cita heridas y patrones familiares disfuncionales. De modo que, movilizarnos a nosotros mismos para pedir ayuda puede vivirse como un sobreesfuerzo o como una responsabilidad que no es ajena.

Esto, a veces, puede sonar así: ‘¿Para qué ir a terapia yo si el problema está en los otros?’ 

Te invito a superar esos pensamientos que te dictan que la terapia es algo inútil para ‘lo que te pasa’, que resolver ‘eso que te duele es imposible’, que ‘ya has fracasado y no hay nada que hacer’, que ‘estás demasiado ocupado para cuidar de ti’, que ‘tienes que poder solo’, que ‘seguro que si pido ayuda por lo que me pasa van a pensar que soy idiota’ o que ‘la solución siempre pasa por cambiar a los otros’.

No dejes que el ritmo vertiginoso de la vida moderna te desconecte de tus propias necesidades y bienestar. El momento ideal para pedir ayuda no existe. Si leyendo esto te has sentido identificado/a, piensa también en cuanta energía, tiempo y recursos gastas intentando decidir o resolver situaciones que, siendo sincero/a contigo mismo/a se solucionarían mucho antes pidiendo ayuda terapéutica. A veces necesitamos que los otros nos sostengan, nos guíen, nos ayuden a ampliar nuestra ‘caja de herramientas’.

Esperar que las cosas cambien no siempre nos dará paz. En la espera nadie nos asegura la llegada de ese cambio. No hay varita mágica para hacer desaparecer a los otros o sus malas conductas. El cambio surge de la adopción de nuevos comportamientos, hábitos y valores. Pero también de cómo decidimos relacionarnos con los otros: instaurar límites, ajustar expectativas, tomar decisiones sobre nuestra vida en comunidad o cuidar de uno/a mismo/a también nos libera y nos protege de aquello que no podemos controlar.

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